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Notas

El mes son 30 días y el IGV va también sobre los intereses

Dos convenciones de cálculo que nadie explica y que todo el que llega nuevo al factoring descubre cuadrando una liquidación que no le sale. Una es aritmética del sector; la otra es tributaria y cambia el neto que recibe tu cliente.

Un adelanto de factura se cotiza con cinco números y una resta. El problema no está en la fórmula: está en dos convenciones que no aparecen escritas en ninguna parte y que, si no las aplicas igual que el resto del mercado, hacen que tu liquidación no cuadre con la del cliente.

El mes son treinta días. Siempre

En factoring el interés se calcula sobre una tasa mensual y un plazo en días. La conversión es siempre la misma:

interés = adelanto bruto × días ÷ 30 × tasa mensual

Treinta días, tenga el mes veintiocho, treinta o treinta y uno. Y el año, por tanto, trescientos sesenta.

No es un redondeo perezoso: es la convención con la que se cotiza, se pacta y se liquida. Si tú calculas sobre días naturales y tu cliente sobre treinta, cada operación termina con una diferencia de céntimos que nadie sabe explicar, y esas diferencias son las que acaban en una llamada.

La consecuencia práctica: guarda el plazo en días, no en meses. Una operación a cuarenta y cinco días no es “mes y medio”; es cuarenta y cinco dividido entre treinta. En cuanto redondeas a meses pierdes la mitad de las operaciones reales.

El IGV se aplica también sobre los intereses

Esta es la que sorprende a todo el mundo.

Uno espera que el impuesto vaya sobre las comisiones, que son claramente un servicio. Pero el interés financiero que cobra la entidad también es un ingreso suyo, y por tanto también arrastra IGV. Dicho como lo dice quien lo lleva años haciendo: como los intereses los ganan ellos, ellos pagan también impuesto sobre los intereses.

En el desglose eso significa que el impuesto se calcula sobre la suma del interés y de las comisiones, no solo sobre las comisiones:

IGV = (interés + comisiones) × tasa del impuesto

Con el IGV peruano al 18 %, olvidarte de aplicarlo sobre el interés no te cambia el importe por un pelo: te lo cambia por casi una quinta parte del interés de la operación. Y como el adelanto neto sale de restar todo eso al adelanto bruto, el número que tu cliente recibe en su cuenta no coincide con el que le prometiste.

La cadena entera, en orden

Con las dos convenciones puestas, el desglose queda así:

adelanto bruto = importe de la factura × porcentaje de adelanto interés = adelanto bruto × días ÷ 30 × tasa mensual IGV = (interés + comisiones) × tasa del impuesto coste total = interés + comisiones + IGV adelanto neto = adelanto bruto − coste total remanente = importe de la factura − adelanto bruto

El remanente —lo que queda retenido y se devuelve cuando el deudor paga— se calcula sobre el importe de la factura, no sobre el adelanto. Es el error de cuadre más común, y produce el síntoma inconfundible: un remanente negativo en la liquidación.

El otro síntoma clásico es un adelanto neto mayor que el bruto, que solo puede pasar si en algún punto se ha sumado lo que había que restar. Ninguno de los dos es un error de redondeo: los dos significan que la cadena está mal montada.

Merece la pena tener una comprobación automática que verifique, en cada cotización, que el neto es menor que el bruto y que el remanente no es negativo. Cuesta diez líneas y evita el correo que nunca querrías haber enviado.

No escribas el 18 en el código

Última recomendación, y es de las que se agradecen a los dos años.

La tasa del impuesto es un parámetro del país, no una constante del programa. En Perú es IGV y hoy está en el 18 %; en otro mercado tendrá otro nombre y otro valor. En cuanto ese número aparece escrito a mano en tres sitios distintos, cambiarlo deja de ser una decisión y pasa a ser una búsqueda.

Lo mismo vale para el vocabulario: en Perú se dice IGV, no IVA, y el identificador fiscal es el RUC. Un producto que dice “IVA” en una pantalla peruana está diciendo, sin querer, que no se escribió aquí.